El vehículo gestiona automáticamente el cambio entre tracción eléctrica, híbrida y de combustión mediante un sistema electrónico. Para ofrecer la mejor relación rendimiento-consumo, tiene en cuenta tres criterios:
- la demanda de aceleración del pedal;
- el perfil de la carretera;
- el nivel de carga de la batería.
En esencia, durante el arranque, la conducción constante y la aceleración normal, un vehículo híbrido utiliza principalmente el motor eléctrico. Al pisar con más fuerza el acelerador, cuando las características del terreno requieren más potencia (por ejemplo, en una subida pronunciada) o cuando la batería no está lo suficientemente cargada, el vehículo activa el motor de combustión. Según el caso, el motor de combustión complementará al eléctrico (tracción híbrida) o lo sustituirá por completo (tracción con motor de combustión).